Editoriales de Agenda Empresa

A cada uno lo suyo

posted by @mbellido 2 marzo 2010

De repente algo se mueve. Son días frenéticos, de reuniones de partidos y comisiones gubernamentales, y seguimos escuchando propuestas de pactos, medidas, ideas de reformas y planes. La verdad es que mucha gente se pregunta para qué tanto pacto si lo que los votantes esperan es que un gobierno gobierne.
Lo cierto es que desde 2008 hemos vivido años trepidantes en espera de una acción contundente que nos sacara de la crisis y, sin embargo, hemos asistido a experimentaciones varias sin resultado alguno. La mayoría de los ciudadanos saca ya una conclusión inapelable de estos años de gobierno: parálisis. Si este último pacto de Estado que al parecer busca el gobierno tampoco se lleva a cabo, si no se consigue o, incluso, si ni siquiera hay voluntad real de sacarlo adelante, si se trata solo de volver a prometer para despistar, aislar a la oposición, aguantar el tipo y esperar a que la tormenta amaine sola, entonces tendremos que concluir que lo que podría ser una esperanza resultará al final, y de nuevo, un panorama aún más decepcionante. Las víctimas, como siempre, los ciudadanos, las empresas y especialmente los millones de parados. Y si complicado lo tiene España para salir de la crisis, difícil, muy difícil, lo tiene Andalucía. Estando como están las cosas, o se desafía al futuro con imaginación y se ayuda a los creadores de empleo y riqueza que son las empresas, o nos esperan años muy duros.
De vivir esperanzados a que antes o después le llegaría el turno a Andalucía para un verdadero despegue económico, ahora a lo que podemos aspirar es a no caer aún más en el abismo. Nuestro futuro está en manos de decisiones políticas y hacen falta ideas claras aunque sean impopulares. Hace falta crear un contexto que favorezca la libre iniciativa de las empresas, la innovación, la productividad y el crecimiento, aplicar normativas sensatas, sin letra pequeña, que permitan a los emprendedores y a los operadores económicos invertir y crear empleo.
Andalucía sufre de una desventaja competitiva importante con respecto a otras regiones, por tanto, necesitaría un plan extraordinario y complementario al nacional que ayude a movilizar recursos y activar procedimientos para identificar, proyectar y realizar a tiempo intervenciones rápidas, de carácter estratégico. El deterioro de las condiciones competitivas en una región proviene también de la falta de formación y capacitación del capital humano. La Educación es otra de nuestras asignaturas pendientes. Faltan centros de excelencia, de investigación científica y las Universidades, hoy muy politizadas, no siempre están en condiciones de dar respuestas. Desde luego cualquier iniciativa que se tome por parte de la clase política tiene que estar basada en estrategias a medio y largo plazo. Más tarde se ponen en marcha más tardarán en dar resultados. Es necesario también introducir ventajas fiscales porque solo reduciendo esas cargas se atraerán inversiones y se creará empleo. Pagar el IVA antes de haber cobrado una factura sigue siendo un peso insostenible para los pequeños empresarios. Por otra parte, una reforma laboral y salarial más moderna y flexible, dirigida al crecimiento productivo, daría oxígeno a las PYMES y rescataría más personas de las listas del paro. Alguien me sugería que sería útil reconocer a las empresas andaluzas la posibilidad de acordar con los sindicatos condiciones diferentes de las de los convenios colectivos nacionales, aunque solo fuera a las de nueva constitución y por un periodo más o menos limitado de tiempo.
No se trata de crear nuevas formas de asistencialismo que mantengan en la UVI a empresas ineficientes destinadas al cierre, se trata de facilitar la labor de los buenos emprendedores. Para ello cada palo debería aguantar su vela: las empresas desarrollar al máximo su potencialidad productiva, la Administración, con una legislación fiscal y laboral flexible, garantizar su supervivencia, los sindicatos no obstaculizar y los trabajadores asumir actitudes de corresponsabilidad en las empresas.

Manuel Bellido

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