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14 de julio de 1985

posted by @mbellido 16 abril 2011

En un folio amarillento por el paso del tiempo leo unos versos escritos sin medida y sin rima, cuya caligrafía amable y redondeada delatan mi autoría. Encuentro tu nombre y una fecha que enciende mi memoria. La mirada se nubla momentáneamente por la emoción y las palabras se transforman en una hilera de manchitas sin significado.

“Tu voz parece música extraída de un instante infinito
y aunque la mirada esconde la intimidad de un deseo
pronuncias un momentáneo adiós con fin sagrado
renunciando sin motivo, a cambiar tu mundo por el mío”.

Este folio es más que un recuerdo, es una visión interior, vestigios de un viaje troncado antes de emprenderlo, recorte de un mapa de mis emociones y de las tuyas. Hoy un movimiento interior hace surgir tu imagen en una estética vinculada a tu momentáneo adiós. Me decías adiós y con la mirada me pedías que nunca, que nunca te olvidara. Hoy que has vuelto, en esta calle aún indefinida, encuentro tu mirada y tu deseo.
Este folio es casi un rescate arqueológico que quiero proteger. La magia sigue intacta en esos versos. Todo acto creador se vale de la combinación de elementos preexistentes y aquellos versos dibujaban la belleza del corazón, esa que juntos habíamos descubierto en tantos momentos de vida. Esa belleza que es una posesión de la verdad sin esfuerzo.
Escondí en aquellos versos tus pasos y los míos como se esconde tras la niebla un lugar del que no se ve nada. Lo inaccesible sólo puede ser aludido, no expresado. Ahora luce el sol y el horizonte es inconmensurable, no se puede medir y no guarda proporción con lo soñado. La vida es inagotable e inmanejable, basta no perder ni la fe ni la esperanza. Tenía razón Kierkegaard, “La puerta de la felicidad se abre hacia dentro, hay que retirarse un poco para abrirla: si uno la empuja, la cierra cada vez más”

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