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¡Estas olas!

posted by @mbellido 30 diciembre 2010

Me gusta el mar y no solo en verano. Me gusta dar largos paseos por la orilla y, a menudo, estas caminatas han inspirado muchos de mis pensamientos. No hace mucho que volví a esa playa de mi niñez que tanto me gusta. Me quité los zapatos y a buen ritmo comencé a caminar hacia las rocas con la vista puesta en el horizonte. Las olas llegaban tímidas hacia mí y el agua me mojaba hasta los tobillos. El mar, el movimiento de las mareas, las olas, la arena me parecían elementos para explicar algunos sentimientos del ser humano. Me gustaba pensar que la brisa, el viento, el movimiento de las mareas no tengan un origen físico. Van y vienen cuando quieren y como quieren. El viento empuja las aguas y terminan bañando la arena de la orilla. Como el amor. Algo lo mueve, no se sabe dónde está su origen y, como en el mar, sus olas llegan tímidas o con violencia a playas o acantilados empapando de esa vitalidad todo lo que toca. La potencia del mar es impresionante. También la del amor. Nadie la puede parar. Por muchas defensas que se pongan todo lo desarma. El mar con su oleaje salvaje erosiona hasta las rocas más duras, como el viento que con los granos de arenas que lleva en suspensión va gastando su superficie. El mar siempre lleva las de ganar. A veces en la vida nos toca ser mar, otras ser rocas, otras ser viento y otras ser arena.
Sigo mi caminata y aunque trato de no adentrarme tanto no puedo evitar que alguna ola más fuerte me moje hasta las rodillas. En la vida, a veces, también ocurre. Por mucho que nos empeñemos, a menudo encontramos nuestro destino por los caminos que tomamos para evitarlo. Decía Lord Byron hablando del destino que luchar contra él sería un combate como el del manojo de espigas que quisiera resistirse a la hoz. Y es que lo que el cielo tiene ordenado que suceda, no hay diligencia ni sabiduría humana que lo pueda prevenir. Una ola me acaba de empapar los pantalones y la camisa. Mi intención era de mojarme solo los pies.

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